Niños condenados a ser perfectos

Crece la medicación contra el trastorno de la hiperactividad, pero también la polémica

INMACULADA DE LA FUENTE 08/01/2008


El niño se levanta del pupitre sin que venga a cuento. El profesor le dice que se siente y poco después lo encuentra otra vez de pie y enredando. Lo mira: el maestro ha vivido esta escena cientos de veces. Los niños cambian, pero los hechos se repiten. "Fuera de clase", se ordenaba al niño díscolo hace 15 años. "Pablo, ¿te has tomado hoy la pastilla?", se pregunta ahora a este tipo de niños.






Hace décadas, los niños hiperactivos sólo merecían la etiqueta de travieso

No todo chaval movido sufre trastorno de hiperactividad

Hay padres que temen que las pastillas generen adicción

La medicación debe completarse con un tratamiento psicoterapéutico

Los expertos creen que no hay que confiar la solución a la pastilla

Hay padres que ya piden ayuda en la farmacia para acabar con un berrinche

Son niños hiperactivos. Sólo el 15% de los que padecen este trastorno están diagnosticados. Pero no todos los niños que se mueven mucho lo son. Mientras unos especialistas recomiendan que se les medique, otros aseguran que a menudo la solución está en la familia, en cambiar costumbres. En el otro lado están los padres, temen el efecto rebote del tratamiento o que se habitúen a él.

Hace unas décadas, el chico movido acumulaba oportunidades para visitar pasillos y patios en horas de clase. Ahora, si está diagnosticado como inatento o hiperactivo, no es un secreto que suele ser un niño medicado. Si el neurólogo le ha recetado una pastilla que se libera de forma retardada (normalmente Concerta), la tragará con el desayuno y le acompañará mañana y tarde. Si el médico fracciona la dosis en varias tomas y receta Rubifén (otra marca, con el mismo principio, metilfenidato), el pequeño ingerirá la primera pastilla en casa y la segunda con las lentejas del colegio. Los profesores lo saben y custodian el medicamento con idéntica diligencia que el jarabe para la tos.

"El trastorno de hiperactividad (TDAH), solo o combinado con déficit de atención, se conoce ahora mejor y está cada vez más presente en la consulta. Pero se ha banalizado", afirma Alberto Fernández-Jaén, neuropediatra de la clínica La Zarzuela, en Madrid. Lo paradójico es que asegura que esa trivialización convive con "un infradiagnóstico brutal. Sólo el 15% de los que lo padecen están diagnosticados", sostiene. Todavía el diagnóstico se hace tarde, al final de educación primaria o en la explosión de la adolescencia, cuando el fracaso escolar ha hecho su aparición y la autoestima se tambalea. El TDAH es lo que hace años se denominaba disfunción cerebral mínima y afecta a cerca del 6% de la población infantil (los adultos también lo sufren, pero no lo manifiestan de un modo tan evidente). Hace unas décadas, los casos leves sólo merecían la etiqueta de traviesos, buscapleitos o torpes. Hoy se ha convertido en un problema prevalente en las consultas de neurología infantil. En algunos casos el niño lo pasa mal en el colegio, tanto en el aula como con sus compañeros, y se ve estigmatizado. "Ahora tenemos un arsenal mayor y podemos hacer trajes a medida del pequeño", afirma Fernández-Jaén.

No todo niño movido sufre hiperactividad. Hay niños considerados vagos y metepatas que sí lo son sin saberlo. Al igual que hay chavales diagnosticados que no siempre reciben medicación. Sus padres se resisten a darles la pastilla. O bien, se la dan los días que hay colegio y la eliminan o reducen la dosis en vacaciones y en fin de semana.

Fernández-Jaén reconoce que el diagnóstico requiere una labor de interpretación. "No hay que precipitarse. Pero si la medicación ayuda al pequeño a estar mejor en su entorno escolar y social no hay discusión. Los niños no tienen por qué ser valientes Rambos y superar sus problemas solos". Piensa, además, que el tratamiento farmacológico no tiene por qué ser eterno: "Tras dos o tres años, el 80% acaba compensando el trastorno y deja de precisar la medicación".

Trinidad Bonet, psicóloga especializada en técnicas cognitivo-conductistas, afirma que "la medicación está más que justificada, dependiendo de la intensidad de los síntomas, si estamos ante un TDAH. Este trastorno tiene múltiples causas orgánicas y sería muy difícil conseguir verdaderos cambios en el funcionamiento cerebral sin la medicación", explica. Admite, sin embargo, que el uso de fármacos "pudiera ser no tan imprescindible" si la sintomatología es leve o si se trata de niños mayores "muy motivados para aprender estrategias personales que mitiguen el déficit de atención".

La medicación empleada para el TDAH no tiene como misión relajar a estos niños, sino ayudarles a centrar su atención y a controlar su impulsividad. El metilfenidato (un derivado anfetamínico) incrementa la disponibilidad de la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la concentración y el aprendizaje. Se piensa, además, que los psicoestimulantes actúan de un modo distinto en los hiperactivos y no potencian en ellos la excitabilidad, sino la concentración. En este sentido, las bebidas de cola y el café, sin excesos, se consideran ocasionales ayudas.

La medicación, por sí sola, no basta: "Debe completarse con un tratamiento psicológico basado en técnicas cognitivo-conductuales, que incluye pautas a padres y a colegios para facilitar el aprendizaje de autocontrol que necesitan estos niños", añade Bonet. Los padres deben convertirse en expertos en el tema y aprender estrategias para reducir la impulsividad y ayudarles a aumentar la atención. Podría decirse que "los fármacos serían el abono, y la intervención psicopedagógica, la labor de siembra".

La teoría es ésa, pero hay padres que se atormentan y dudan si sus hijos serán de verdad hiperactivos. Temen, además, que la medicación genere adicción y recelan de que sus hijos se acostumbren a apoyarse en muletas químicas desde edades tan tiernas. Bonet admite que hay que analizar si esa sintomatología precisa medicación.

"Tenemos que tener cuidado y no empezar a medicar a los niños, como quizá se hace con los adultos... Ahora ya nadie aguanta nada, nadie quiere sufrir ni encontrarse mal, siempre hay que estar contento y sin preocupaciones", enumera. "Al igual que nuestro cuerpo nos dice a veces que algo va mal y que hay que cambiar algunas cosas, con los niños ocurre lo mismo: hay que preguntarse si el clima familiar incide en que no duerma, se enfade y pierda el control. A menudo, hay que cambiar costumbres en vez de escudarnos en una medicación 'para que no nos dé la lata". Bonet, no obstante, concluye: "Me da la impresión de que a los niños, todavía, no se les medica a la ligera".

El fenómeno, sin embargo, va a más. "Hay un auge de este tipo de problemas en las consultas", admite la neuropediatra Ana Camacho, miembro de la Sociedad española de Neurología, que ve a diario a decenas de niños en un hospital madrileño. Con frecuencia, estos pequeños pacientes han pasado ya por las manos de un psicólogo. Los neurólogos no son especialistas en conductas, sino en disfunciones cerebrales. Pero al neuropediatra le llega esta descripción del niño que tiene delante: "No sigue las normas, no se centra, no acata la disciplina en casa y en el colegio, no va al ritmo de sus compañeros, se pelea con ellos...".

"En la mitad de las consultas" señala Camacho, "se ve que el problema es sociofamiliar o educativo: el niño no tiene o no sigue pautas de conducta". En todo caso, el especialista suele hacer un seguimiento del problema para ver "si ese trastorno se prolonga en el tiempo y no está motivado por una circunstancia concreta". Es entonces cuando se plantea si puede haber déficit de atención con o sin hiperactividad. El diagnóstico requiere rigor y finura porque no existe una evidencia física como en otras enfermedades. "El debate sobre si hay que medicarlos viene de Estados Unidos, el país que, paradójicamente, se encuentra a la cabeza de la investigación", admite Camacho.

"Se trata de fármacos eficaces, hay estudios contrastados y se aplican desde hace cincuenta años" agrega. En las farmacias españolas se encuentra desde hace meses una nueva presentación de metilfenidato, con el nombre de Medikinet. "Como alternativa al metilfenidato disponemos de otro principio activo, la atomoxetina (comercializado como Strattera) que no pertenece a la familia de los psicoestimulantes", añade la neuróloga. Lo curioso es que este fármaco no está subvencionado por la Seguridad Social, algo que las asociaciones de padres de niños TDAH no entienden.

Algunos padres se mueven todavía en la cuerda floja al abordar este trastorno cada vez más visible en los colegios. El dilema sobre la medicación no se da ante enfermedades consideradas graves y más clásicas, como la epilepsia, en la que el niño tiene que estar de por vida acompañado de fármacos. O la esquizofrenia y otras psicosis. E incluso en trastornos de ansiedad en que la medicación es necesaria por un periodo determinado. Por el contrario, el rechazo de algunos padres a medicar a los niños por TDAH se debe a que consideran que la gravedad es mucho menor, y que los fármacos prescritos son, a menudo (no siempre), psicoestimulantes. Un recelo que los médicos también han detectado en los padres a la hora de medicar a niños con antidepresivos, en este caso por temor a que se habitúen.

"Otro motivo frecuente de consulta en niños es el dolor de cabeza", indica la doctora Camacho. Si es episódico se prescribe un analgésico. O a partir de cierta edad antiinflamatorios. "Pero no es el boom del TDAH, desde luego".

¿Serán más proclives a las adicciones los niños hiperactivos? De nuevo, surge la controversia. Mientras que hay padres que temen el efecto rebote del tratamiento o la habituación a la dosis inicial, algunos expertos aseguran que justamente la medicación previene posibles adicciones en la adolescencia y actitudes pendencieras, al ayudar al controlar la impulsividad. Lo que sí parece es que no todo está dicho sobre el TDAH y que algunas de sus señas de identidad se desmoronan o se encuentran en revisión. Una de ellas es la mayor prevalencia del trastorno en niños que en niñas. "Los primeros estudios de autores norteamericanos recogían esta diferencia porque, al evaluar la conducta, ponían el acento en el niño que molesta o es agresivo, mientras que los síntomas de las niñas, generalmente más contenidas, pasaban inadvertidos", argumenta Esther Cardo Jalón, neuropediatra del hospital mallorquín Son Llatzer y profesora asociada de Psicología y Fisioterapia en la universidad balear. Cardo ha demostrado que las diferencias entre niños y niñas son imperceptibles.

Esta neuróloga opina que, con estrategias educativas y psicológicas, muchos niños pueden mejorar. "La medicación debe ser lo último, y tras una buena evaluación". Escéptica, piensa que "la medicación tiene un espacio, pero su acción es limitada". Cardo acusa cierta presión de las empresas farmacéuticas para colocar sus fármacos. Pero "si todo se basa en la pastilla, pueden ir de una otra sin resolver el problema de fondo", continúa. La neuropediatra advierte, además, que "la sobreactividad motora está presente en casi todos los trastornos psicopatológicos infantiles... Incluso en la depresión pueden darse niveles de irritabilidad y agresión no tan comunes en adultos".

Muchos fármacos de uso habitual, para tratar por ejemplo el asma (Ventolín) tienen como efectos secundarios sobreactividad motora y a veces pueden confundirse con trastornos del comportamiento (TND) y niveles cognitivos bajos. Por otra parte, un niño con un cociente intelectual bajo, si se enfrenta a una exigencia escolar y educativa por encima de sus posibilidades, puede manifestarse inquieto en el aula porque se aburre y no es capaz de seguir el ritmo.

Cardo recuerda que, en principio, "un niño que no es TDAH medicado con psicoestimulantes, a dosis adecuadas, no va a tener efectos secundarios importantes... Pero éticamente no se puede ni se debe recetar un medicamento innecesario. Sería algo así como administrar determinados antibióticos a un paciente sano que sólo tiene una infección de tipo viral (o que no tiene la bacteria que se pretende combatir): no tendría ningún sentido".

Los niños inatentos, e hiperactivos o no, no son los únicos candidatos a estar sobremedicados. Empieza a haber padres que piden ayuda en la farmacia para acabar con berrinches o ayudar a sus hijos a dormir. "Dame algo, que el niño no duerme", escucha de vez en cuando el farmacéutico tras el mostrador. Sin embargo, poco puede hacer este profesional. Los somníferos están destinados a la población adulta.

A raíz del caso Madeleine, la prensa inglesa reabrió el debate sobre la práctica de sedar a los niños en el avión. Cardo rechaza que esto sea real. "No es normal habituar a psicofármacos a los niños para que los padres estén más cómodos. Muchos niños vuelan a diario y no necesitan ningún tipo de tranquilizante".

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Graias por la informaciones me son de gran ayuda con Milagro.Ella es asi.Un abrazo
Como medico pediatra he visto que es verdad que hay un abuso de medicacion en los niños por diagnosticos equivocados que hacemos sobre ellos. Tambien hay una exageracion por parte de los profesores por pretender que el niño se quede como una momia acatando las ordenes de los profes, sin tener en cuenta sus diferencias. Los niños no son todos un mismo producto de una sola fabrica, son todos distintos y la educacion debe valorar en cada uno de ellos sus fortalezas y debilidades. Creo que quienes mas deben recibir tratamiento son los padres. Darles diazepan a algunos padres sera mejor que darselo a los niños. !Por favor dejenlos tranquilos!
atte
Marco Cueva Benavides- Medico Pediatra
Hola Marco.
Quizas habría que agregarle una dosis diazepan a los maestros....¡¡¡

grace
Mariagloria:
He perdido tu contacto en mi correo.
Quedé en indicarte una formula floral que pudiera ayudar a Milagro.
En gral para estos niños suelen usarse esta formula:
1) clematis
( para estar aqui y ahora y el volarse)
2) Impatiens
( no puede quedarse quieto)
3) cherry plum
( toda clase de descontrol)
4)chetnud bud
( para aprender del error)
5)larch
Para la inseguridad que les genera el ser diferentes,
6) Walnut
( brinda proteccion a los sensibles
7) bush fushia ( sistema de bush)
equlibra el hemisferio derecho e izquierdo. Dilexia tambien- Aprendizaje..

las 6 primeras son del sistema de bach y debes darsela de 4 a 6 veces por dia.
la 7º solo 7 gotas por la mañana y 7º gotas a la noche.
Al principio suelen empeorar y luego son maravillosas¡¡¡
Mi hijo la toma hace un año y esta mucho mejor¡¡¡
Espero te ayude.
Graciela
Hola a todos! Estoy de acuerdo con la neuróloga Esther Cardo y con Marco. También las Flores del Mediterráneo tienen un efecto sorprendente para la concentración y he visto grandes mejorías, pero paulatinas, en muchos pacientes. Muy buena mezcla de flores de bach Grace.
El problema es precisamente "la impaciencia" de quienes quieren resolver un "problema" en instantes para poder pertenecer a un sistema social y educativo. Los padres. Y sí, es lógico que busquen adaptar a sus hijos a las reglas escolares porque si no, "¿dónde meteremos a nuestro hijo"?
Como maestra he aprendido a entrar en la vibración de estos chicos que andan trepados en las paredes, tengo 6 grupos diarios y les cuento: es sorprendente cuando uno retira cualquier etiqueta y se lanza al descubrimiento de nuevas formas educativas y psicológicas para atender esta situación. Dentro de mis clases tengo a varios niños que, se quedan cortos ante cualquier diagnóstico, han pasado por varios maestros y "nadie puede con ellos". Evidentemente algo distinto estoy haciendo que me hace posible hacer contacto con ellos pero no de la forma impuesta tradicional. He incluído brincos, música, ejercicios corporales, juegos con pelotas, trabajos en equipo al exponer mi material didáctico, hasta hemos hecho alguna sesión de bostezos y otra de gritos para que los niños puedan usar su cuerpo y canalizar toda la energía y ansiedad que traen. No saben qué alegría. ¡Sí se puede, sí se puede, sí se puede! Se puede jugar con la pelota mientras se analiza el significado de una palabra, se puede brincar mientras se canta una canción en inglés, se puede hacer 3 lagartijas en el suelo al terminar una página del libro, se puede crear un amigo imaginario en clase para que nos ayude a todos con las lecciones, se puede motivar al niño más travieso e inquieto a que dé una clase y hacerlo sentir importante en vez de verlo como un objeto de análisis, se puede hacer el ridículo y sentir que no pasa nada... Se puede sí...pero, ¿qué maestro se atreve a ser diferente? A un niño le darán ganas de aprender e involucrarse cuando el maestro hable su idioma, no lo contrario. Esperará todo un día con ansias y emoción volver a esa clase y ver a su maestro favorito. Cuando los padres, maestros, médicos, escuelas, aprendan a leer entre líneas el fondo y no la forma.
Muy lindo lo que decís Raquel¡¡¡
Yo creo que justamente muchas maestras tienen miedo, miedo al ridiculo, miedo a salirse de los esquemas, miedo al sistema, miedo a si mismas.....
No es fácil para ellas responder a 30 o 35 individualidades dentro de un aula..... hacen lo que pueden... no?
Grace
Hola Rak....que hermoso, te felicito....has logrado el mejor de los enfoques para poder tambien atraves de ellos canalizar lo propio.....
Tenes razón. los adultos tendrian que aprender a leer el entrelineado, dejando de lado las formas, ellos son un libro abierto.....solo hay que aprender a leerlos...y asi, como lo has logrado vos, los padres tendrian tambien, que comprometerse un tantito mas, y hacer entre todos un espacio acorde a las necesidades de cada uno de ellos. Que en definitiva son las nuestras tambien, solo que ellos tienen la tarea de mostrarnoslo....Apuesto a la multiplicacion de docentes como vos....NAMASTE.
Hola Graciela.....creo que lo que les ocurre a las maestras, es la falta de autoconocimiento, que hace a que todavia se manejen con tantos paradigmas que les impiden salirse de la férrea estructura. la que se esta viendo a ojos claros... no sirve mas...pero lastimosamente todo cambio, genera inseguridad, y necesidad de revision, de viaje interior.....solo si, esto sucediera podrian permitirse aceptar vivir desde lo que cada uno ES...Un abrazo.Crist.
Amiga y donde esta tu escuela? Que mañana mismo llevo a Emi ahi!!!
te quiero muchisisimo
gracias gracias gracias
Anaité
Hola Anaite, Graciela, Cristina y todos...
Es un reto. No se logra ni de la noche a la mañana ni en los sueños más largos. Es despertar. Despertar cada día y ver qué se puede hacer, pero hacer algo, no importa si es poquito o mucho...algo. Lo peor que nos puede pasar es quedarnos en la estática plantados. Esta conciencia tardará en verse globalizada y consciente al menos dos generaciones más. Entonces para nuestros nietos estaremos sembrando un futuro no muy lejano. Digamos que nos tocó la talacha, en México decimos así cuando nos toca el trabajo "pesado".
Yo estoy aplicando mi creatividad, sin embargo hay maestros que siguen con su desempeño tradicional sin moverse del esquema. Tampoco podemos juzgar, simplemente están transmitiendo lo que aprendieron y como se sienten más cómodos y en control de su salón. No hay cosa más interesante que perder el control dentro del aula. Dirán que enloquecí. Se aprende a observar a los alumnos, a escucharlos, a sentir sus necesidades, a reir como niño, gritar también y a poner en práctica todas nuestras habilidades. Suena altruista, pero es una realidad. Uno cree que por estar de pie al frente de un grupo, lo está observando y lo comprende...y no siempre es así. Hay dos formas de mirar: 1. desde afuera y 2. volviéndome uno con lo que observo.
Esto no quiere decir que los salones se conviertan en un `laisse faire´; quiere decir que si no comprendo desde dónde abordar a los chicos con el mismo idioma, mi esfuerzo no habrá valido la pena.
Para mí la Educación es como el mar: hay que estar dispuesto a tomar una ola para ver desde ahí, siendo cada ola distinta en todos los sentidos y con el reto que implica.
Ahajajajjajajaja... esa sí que es buena!!!...
Hola Raquel... estoy de acuerdo contigo. A mi me ocurre exactamente igual.
Yo tengo la suerte de tener una buena herramienta: la música. Pero aún así, hay profesores que no pueden con ciertos alumnos, porque dicen que se le suben por las paredes, andan detras de ellos para que no se tiren al suelo, o se sienten en la puerta esperando inquietos que llegue la hora... Pero qué barbaridad. Yo jamás he consentido que un niño se aburra en mi clase. Por eso, hago concursos de canto, o para practicar la respiración diafragmática nos vamos al jardín a hacer pompas de jabón, o hacemos carreras soplando pelotas de ping-pong, o inventamos una canción... hacemos expresión corporal, relajación y visualización... Los padres dicen que es la unica asignatura que están deseando entrar a clase y que los demás profesores del colegio tienen problemas con ellos.
¡No cuesta tanto calentarse un poco la cabeza en hacer más alegre y creativa tu enseñanza!...
Todo esto me dice a mi, que en vez de hablar tanto de los niños, deberíamos ponernos a analizar y estudiar a los profesores. ¿Qué les pasa a los educadores? ¿Realmente uno estudia el magisterio porque le gusta? ¿Qué es lo que lleva a una persona a estudiar para ser maestro? ¿la vocación?.... mmmmhhhh... Esto me lo tengo que meditar...
Un abrazo
Os deseo sonrisas en la boca.
Marla

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