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Allí donde está el hombre, está la naturaleza en alerta y en crecimiento, para probarnos una y otra vez, que somos nosotros su depredador.
Nos prueba, generando mayor abundancia, tenemos dos posibilidades: O consumimos y utilizamos todo lo que nos ofrece o sabiamente aprendemos a reproducirlo, sin aniquilar ningún crecimiento posible, en ese ecosistema en dónde cada uno de nosotros somos parte del sustento.
Los equilibrios, son el juego que hacen las diferencias, hacia más acá (egoísmo) o más allá, generosidad, colaboración, entrega, consideración.
En primer lugar a nosotros mismos, hechos que nos permiten reconocernos y valorarnos, luego, hacia lo que está un poco más allá de nosotros mismos, aunque en cada partícula, podamos reconocernos en el amor o con el amor, con que hemos elegido adornarnos en nuestra propia vida.
Cuánto de apariencia, hipocresía, confusión y franca mentira nos enreda, en momentos cada vez más intensos y aparentemente insuperables, para lo que hemos aprendido como irremediable, como “en proceso”, dónde el tiempo y la solución personal, está en el tiempo del otro o del sistema.
El sistema, del que como decía al principio y quizás por conducta aprehendida, alimentamos con nuestros errores cotidianos y nuestra falta de libertad.
No de la libertad de cualquier tipo, sino la libertad responsable, la libertad no egoísta, la libertad, que nos procura imponer nuestra fantástica solución sino la verdadera, que equilibra por sí misma, como consecuencia de su razón material y espiritual, al mismo tiempo y razón última del ser humano, como tal.
Todo esto a cuento de la situación mundial, de las situaciones anunciadas, por realismo fantástico o por intereses opuestos, o por preocupaciones reales y verdaderas, en función de la consciencia de los parámetros impuestos de una exterminación mundial, imposibilitando la sobrevivencia de millones y millones de seres humanos, entre los que por supuesto estamos todos nosotros.
Qué responsabilidad puedo tener yo mismo en la guerra en medio oriente, o en la exterminación de los indígenas en nuestra sufrida y querida América del Sur, de la que somos mitad verdugos y mitad víctimas de nuestros antepasados.
Los pecados se proyectan hasta la cuarta generación, dice la santa palabra, creo que ya estamos libres del Karma, por ser más que la cuarta generación y lo que debemos sanar, es lo que produjimos las siguientes generaciones influenciados por nuestros ancestros.
Quedaría reconocernos entonces deudores de quienes vivieron y fueron en estas tierras, respetándoles el derecho espiritual y material de su existencia, apoyándonos mutuamente en el desarrollo saludable de la naturaleza que nos da la vida.
No es esto lo que vemos y hacemos, permitimos a líderes votados por nuestras manos, para que se vendan al menor precio posible de pagar, para lograr los objetivo que el CAPITALISTA EXTRANJERO necesite o aspire.
Les robamos las tierras, los provocamos, los matamos y enfermamos con toda nuestra intensión y así lograrnos quebrarlos, como si de una cámara de tortura se tratara, esto también lo aprendimos de la inquisición que hoy se aplica con un rigor del mismo calibre.
Somos nosotros mismos que nos atacamos y luego pedimos que nos den seguridad, poniendo cámaras por todos lados, cosa que quizás sea necesaria, pero que en definitiva podrían caer en manos, más acá o más allá, de algún “técnico” interpretan-te de nuestras conductas, catalogándonos como al momento esté determinado, como bueno o malo, por quien sabe que dictador o verdugo aparezca.
Renunciamos a nuestros crecimientos, dejamos que cualquier basura, interfiera en la vida sana de instituciones y sociedad, y luego participamos del dolor que nos causan sus acciones, sin haber levantado la vos para señalar la aparición del error, en ningún momento.
Cuándo vamos a exigir que se respete nuestro continente, para ello debemos saber que es respeto y también como respetamos nosotros, no cualquier cosa, sino lo que es debido y sustentable tanto material como espiritualmente.
Parecen estas ser moralinas, pero creo que es muy serio y necesario, hacer este tipo de planteos, asumiendo que al hacerlo contribuimos a abrir los ojos y generar unidad en una comprensión más elevada de la posibilidad, quizás la única, de sobrevivencia del continente y nuestra humanidad.
Hay que exigir a los capitales que se vayan y habrá que volver a las azadas, mientras ellos se despedazan en los territorios a nivel mundial que han destrozado y aniquilado a su gente ya, haciéndolos poblacionalmente inviables.
Quizás sea esto una utopía, pero no confío en ninguna promesa de libertad por ningún líder por más macho o esclarecida femia, que por su intuición y fortaleza, pueda merecer un poco de confianza.
La cuestión ya no es elegir entre análisis “objetivo” de la economía, que teóricamente se puede explicar de cualquier manera y cualquiera puede justificar, con resultados opuestos, los mismos hechos analizados.
Se complejizó el inconsciente, la mente, las razones y como mantuvimos el corazón inactivo por milenios, también él, antes de estallar presiona que le atendamos. Esto genera mucha incertidumbre que se profundiza en la vida cotidiana por actos aberrantes en la conducta de cuanto (disculpen) hijo de puta con ansias de progreso impone o promueve, con descaro o disimuladamente, acciones cada vez más detestables.
Una advertencia: O logramos re-descubrirnos, en nuestros valores humanos reales, corregimos nuestra conducta cotidiana y promovemos contención y trabajo con distribución , más que justa, porque hay, o nos vamos todos a mismísimo abismo. Dicho esto con seriedad y convencimiento, ya los tiempos marcan una especie irreversibilidad a flor de piel, quizás tengamos que dejar la superficialidad, la despreocupación y la indiferencia para ocuparnos cada uno de promoverse y promover, una conducta más auténtica y no tan conveniente o estratégica, para concretar lo que al momento se entiende como lo mejor, sin especulaciones y temores.
También sin la intención de eliminar a todos los enemigos, reales o fantaseados por la conveniencia y nuestra hipocresía, que puedan parecernos pasible de la sanción más justa que sabe imponer la vida misma a su momento.
Llegado a este punto, también entiendo que el derecho de uno, termina dónde comienza el de los demás, así que si vale para mí también debe valer para los demás, la legítima defensa es una prerrogativa válida, porque si no sería un estúpido soñador.

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